Se quebró la copa de filos oros,
y el reloj inebriado se detuvo.
Pero aún guardo en la sombra
sus voces doblando el aire.
No te vayas.
Aunque todo termine,
--- quédate.
Finge que hay futuro
en este ocaso purpúreo.
Se ha apagado la música del mundo,
y el crepúsculo escribe su epitafio en platinos.
Los cisnes se hunden,
la luna se deshoja en los charcos.
Todo acaba.
Menos esto:
mi mano temblando en la tuya,
como un lirio que se niega
a morir en otoño.
No te vayas.
Haz del adiós una pausa,
y del quemante fin del tiempo,
una ilusión de eternidad.
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