Todo se me evapora

Todo se me evapora. Toda mi vida, mis recuerdos, mi imaginación y lo que contiene; mi personalidad, todo se me evapora. Siento continuamente que fui otro, que sentí otro, que pensé otro. Aquello a lo que asisto es un espectáculo con otro decorado. Y aquello a lo que asisto soy yo.

A veces encuentro, en la confusión vulgar de mis cajones literarios, papeles escritos por mí hace diez años, hace quince años, quizá hace aún más. Y muchos de ellos me parecen de un extraño; no me reconozco en ellos. Hubo alguien que los escribió, y fui yo. Los sentí yo, pero fue como en otra vida, de la que ahora hubiese despertado como de un sueño ajeno.

Es frecuente que encuentre cosas escritas por mí cuando aún era muy joven — fragmentos de los diecisiete años, fragmentos de los veinte años. Y algunos tienen un poder de expresión que no recuerdo haber tenido en esa etapa de mi vida. Hay en ciertas frases, en varios pasajes de cosas escritas a pocos pasos de mi adolescencia, elementos que me parecen producto de quien soy ahora, educado por los años y por las cosas. Reconozco que soy el mismo que era. Y, habiendo sentido que hoy estoy en un gran progreso respecto de lo que fui, me pregunto: ¿dónde está el progreso, si entonces ya era el mismo que soy hoy?

Hay en esto un misterio que me desvirtúa y me oprime.

Hace apenas unos días sufrí una impresión asombrosa con un breve escrito de mi pasado. Recuerdo perfectamente que mi escrúpulo, al menos relativo, por el lenguaje data de hace pocos años. Encontré en un cajón un escrito mío, mucho más antiguo, en el que ese mismo escrúpulo estaba fuertemente acentuado. No me comprendí en el pasado, positivamente. ¿Cómo avancé hacia lo que ya era? ¿Cómo me reconozco hoy en lo que me desconocía ayer? Y todo se me confunde en un laberinto en el que, conmigo, me extravío de mí mismo.

Deliro con el pensamiento, y estoy seguro de que esto que escribo ya lo he escrito. Lo recuerdo. Y le pregunto a eso en mí que presume de ser si no habrá, en el platonismo de las sensaciones, otra anámnesis más inclinada, otro recuerdo de una vida anterior que sea sólo de esta misma vida…

Dios mío, Dios mío, ¿a quién asisto? ¿Cuántos soy? ¿Quién es ese yo? ¿Qué es este intervalo que hay entre mí y mí?

Fernando Pessoa (bajo el nombre de Bernardo Soares), en Livro do Desassossego.
Mi traducción.

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