La rana y el helecho (1)

Mi rana, mi helecho, y yo el río. 

Nos conocimos en circunstancias peculiares, pero la vida hizo que coincidiéramos. Empezamos lento, como todo lo que crece en la tierra. Yo ya tenía mis años, y la rana unos pocos más que el helecho, pero crecimos juntos. Bajo la misma Luna, pero ellos un poco más separados de mí al inicio. 

De ellos, digo yo, aprendí el valor de lo desconocido. Aprendí que la rana tenía el valor de volver a enamorarse, de entregarse y de reír. Aprendí que en ella vivía una chispa enorme que sólo necesitaba un detonador adecuado. Del helecho aprendí que el temor puede ser vencido, y que los viejos fantasmas pueden ponerse a un lado con el único fin de poder amar más. Aprendí de él que podía intentar lo que nunca pensó, y que podría sentir lo que nunca planeó.

De ambos aprendí todo lo que hoy me constituye. De ellos me nutro, de su memoria. De los días en los que poco a poco fueron haciendo su nido en mi vereda. De los tiempos en los que, poco a poco, se soltaron entre ellos para sentir más. De los momentos en los que los vi brillar como al Sol. 

Me arde el pecho de saber que ya no hay nada de eso. El helecho sigue conmigo, pero sé que añora a la rana. Sé que le llora, que le escribe como yo, y que le duele muchísimo. A mí también, a mí me duelen ambos. Mi vida fue la más feliz con ambos.

La naturaleza hace que todo cambie. Todos los ríos se secan. Pero quería fluir con ustedes. Mi agua seguirá en mi cuenca un rato, porque mis cambios son más lentos, y espero que un día, no muy lejano, puedan venir a habitar nuevamente, como la familia que fuimos, para que tomen agua y descansen. Para que el mundo sea, un poco, como lo fue. Para que me quieran de vuelta. No me dejen solo, por favor. 

Yo siempre contaré con alegría y lágrimas en los ojos, sobre aquellos días en los que el río vio, suavemente, la forma tan hermosa en la que nació el amor entre el helecho y la rana. Nunca dejaré de recordarlos, porque los amaré para siempre. Pero este amor me asfixia, porque siento que ya no tiene a dónde ir. Y de todas formas, siempre, siempre les esperaré. Aunque muera, les esperaré y cantaré, nuevamente, la historia de la rana y el helecho.

Por favor, encuéntrenme:

Prométanme que me encontrarán de nuevo

en nuestra siguiente vida,
Y en la que sigue de esa.

Porque el pensar que 
No les veré de nuevo
Me rompe

No sé cómo existir
Sin ambos

Asi que,
Por favor
Prométanme
Que me buscarán

Como siempre
He de buscarles yo
A ustedes

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