Hoy he recordado escribir
Para nadie sino para tus ojos
Hace tanto que partiste y no sé cómo es que es posible no pensar:
A veces simplemente te olvido, entre las sábanas del tiempo presente,
A veces simplemente te me escondes de la vista, entre los hilos del tiempo que vivo,
A veces simplemente te callo en mi memoria, rogando que no me dirijas una palabra,
Una suave, eternamente blanda palabra.
Cuando te conocí eras la piedra más obscura:
A veces simplemente te me escondes de la vista, entre los hilos del tiempo que vivo,
A veces simplemente te callo en mi memoria, rogando que no me dirijas una palabra,
Una suave, eternamente blanda palabra.
Cuando te conocí eras la piedra más obscura:
Obsidiana sin pulir, un vientre frío.
Yo, también, un pedazo de cristal profano.
Nos encontramos y encendimos una llama que ardió por tanto tiempo.
Pero te arrancaron del mundo como cuando un mal jardinero extirpa la más bella flor, por mera ignorancia,
Y te llevaron lejos, a donde las naves del oeste no pueden llegar.
Nos encontramos y encendimos una llama que ardió por tanto tiempo.
Pero te arrancaron del mundo como cuando un mal jardinero extirpa la más bella flor, por mera ignorancia,
Y te llevaron lejos, a donde las naves del oeste no pueden llegar.
Hoy recuerdo todas esas cartas que me escribiste, como premonición certera.
Recolecto hoy que insististe, hasta tu propia expiación, en que no me dejara solito.
Recolecto hoy que insististe, hasta tu propia expiación, en que no me dejara solito.
Decías, lo tengo presente: "no tienes a nadie salvo a ti, sin ti no eres nada, aunque estés lleno de otros".
¿Por qué insistías en ello cuando te tuve a mi lado?
¿Por qué insistías en ello cuando te tuve a mi lado?
Supongo que porque sabías que nunca nadie más estaría así a mi lado,
Y que nunca más nadie me daría un beso como el que tú me hubieses dado.
Releo todas esas cartas y encuentro los ecos de mi tristeza, oculta y enterrada entre tus saberes.
Un falso profeta de las clásicas; un mediocre filósofo de banqueta,
Es esto lo que he podido articular para ti, en tu memoria.
Me recuerdo siempre que vivo en tiempo prestado,
Tiempo que debía ser tuyo para vivir y observar todo lo verde del mundo.
Y que nunca más nadie me daría un beso como el que tú me hubieses dado.
Releo todas esas cartas y encuentro los ecos de mi tristeza, oculta y enterrada entre tus saberes.
Un falso profeta de las clásicas; un mediocre filósofo de banqueta,
Es esto lo que he podido articular para ti, en tu memoria.
Me recuerdo siempre que vivo en tiempo prestado,
Tiempo que debía ser tuyo para vivir y observar todo lo verde del mundo.
Yo existo sólo aquí y ahora, conmigo.
No recibí lo que me diste de nadie más.
Quisiera tener otro día contigo para recordarlo todo.
Hoy soy feliz, en cierta medida, porque soy querido.
Hoy soy feliz, en cierta medida, porque soy querido.
¿Pero soy amado?
¿No insistías tú en que sólo yo podía amarme?
¿Cómo, si desde el origen me detesto y me aborrezco?
Ojalá hubieras visto eso también, para que me hubieras escrito otra carta.
Creo que ya viví lo mejor que pude, y lo que queda ahora es saber decaer con gracia.
Conjeturo, mi querida amiga y más amada golondrina negra, que ya pasó mi tiempo.
Espero ahora a que mi pobre corazón se canse, día tras día, para ir contigo.
Deseo reencontrarnos, y deseo presentarte a todas las personas que he conocido.
Creo que ya viví lo mejor que pude, y lo que queda ahora es saber decaer con gracia.
Conjeturo, mi querida amiga y más amada golondrina negra, que ya pasó mi tiempo.
Espero ahora a que mi pobre corazón se canse, día tras día, para ir contigo.
Deseo reencontrarnos, y deseo presentarte a todas las personas que he conocido.
Por ahora esperaré,
Y cuando me sienta solo o suspendido
Y cuando tiemblen mis manos por no ser lo que quise
Por no ser lo que quisiste
Por no ser lo que fui de ti
Por no ser, Helena, tan azul y profundo como lo fuiste tú,
Releeré todas esas cartas que dejaste
Y que guardo todavía conmigo.
A 36 años de tu nacimiento, y a casi 18 años de tu injusta partida.
Y cuando me sienta solo o suspendido
Y cuando tiemblen mis manos por no ser lo que quise
Por no ser lo que quisiste
Por no ser lo que fui de ti
Por no ser, Helena, tan azul y profundo como lo fuiste tú,
Releeré todas esas cartas que dejaste
Y que guardo todavía conmigo.
A 36 años de tu nacimiento, y a casi 18 años de tu injusta partida.
Comentarios
Publicar un comentario