La misma música, el mismo niño

Estoy escuchando Pierrot the Clown. 

Me acuerdo mucho del cuarto en el que pasaba gran parte de mi tiempo fuera de casa. El que le sobraba a Zeiro. Era, como casi todo en esos años que viví, azul. Como el colo que me transmite todavía el viejo Placebo. Recuerdo que pensaba a mis adentros que el tiempo se sentía pesado, lento. Caminaba por las calles con mis audífonos, arrastrando los pies. Iba de un lado al otro. Comía poco, lo que encontraba. No tenía nada, ni dinero ni muchos amigos. Helena ya no estaba. Pero estaba su música (yo le dije en su momento que conocía mucho de Placebo pero iba conociéndolos; ella ya los tenía en la memoria). 

Ahora me encuentro encadenado a un asiento, todos los días, para atender videollamadas. Lo hago con una sonrisa. Lo hago con alegría. Pero por dentro me rompo. Casi todas las noches me siento a llorar en mi cama, pensando lo que estoy haciendo mal. Ahora mismo lo estoy haciendo. Pero por fin puedo escribir. Creo que llevaba años atorado, y poco a poco voy saliendo (en otra publicación se verá el enorme esfuerzo que hago). 

Quisiera volver a ser libre, como cuano de joven no sabía que lo era. Todo me causaba pesadumbre, pero tenía todo porque podía ir y venir. Quisiera poder dejar de trabajar y sólo sentarme con lo poquito que quede a escuchar música en Las Islas. Quedarme hasta noche viendo cosas en internet, o tocando el bajo. Volver a sentir que la vida es pesada. Me extraño, en serio, y ahora quisiera poder tener la excusa para dejarlo todo. Pero siento que la normalidad diaria me asfixia y me arrastra. No siento ninguna emoción por el ámbito profesional; si hago las cosas es porque ahí veo a la gente que quiero. Quisiera, por ejemplo, volver a dar clases para ver a Blues y a Fer. Quisiera, por ejemplo, no trabajar para poder decirle a Fer que nos fuéramos a caminar por la madrugada, en esta ciudad que nos traga. Quisiera, por ejemplo, poder quedarme a llorar en la cama hasta dormir, sin problema al día siguiente.

Supongo que por eso voy al doctorado, para liberarme de lo otro. Pero...¿y sí seré capaz? 

Por favor, necesito ayuda. Creo que me estoy ahogando. No sé qué está tan mal, pero siento el remolino en el pecho de nuevo. Han pasado tantas cosas en tan poco tiempo que creo que sólo quiero escapar a mi adolescencia, aunque ya sé que no fue feliz.

Pensé que Placebo ya no me taladraba el corazón, pero no, sólo dejé de escucharlos. En el fondo, sigo siendo el mismo niño triste y asustado. Y la de ellos, la antigua, la misma música que me hizo quien soy.

Ojalá escribir me libere un poquito.

Comentarios