Cuando comienza a ir tranquilo y cuando la vida suena menos fría, el mundo se apaga.
Un año antes podría haberme quedado en un momento. A esta hora, ya da lo mismo.
En qué pocos segundos se va todo. Ojalá me hubiese podido quedar cristalizado hace ya tiempo más, cuando todo era cálido. Y me da miedo saber que esto es lo más colorido que será jamás, que en mi tiempo restante las cosas sólo serán más difíciles.
No podré volver a ver con los mismos ojos ese atardecer rojo que tanto quería encontrar de nuevo. No podré ver lo que tú ves, ni podré apreciar en su esplendor el brillo de las luces y de las flores.
Sé que hay quienes han perdido más, pero: ¿es posible vivir sin miedo después de saber que cargaré para siempre el recordatorio de mi fragilidad? ¿De qué sirve todo lo que he hecho si nada de ello fue suficientemente valioso para pagar este precio?
¿Qué debo hacer ahora? Poco a poco seré dejado atrás porque seré más lento, seré más difícil de llevar; seré todo lo que no quise ser. No quiero quedarme solo viendo la sombra que me quedó. Es la sombra de mi propia vida: opaca, sin bordes definidos, cobarde. Una vida tonta, pero que por primera vez quise abrazar son todas mis fuerzas. Y en ese momento, en ese preciso momento, perdí un fragmento de mi humanidad.
¿Estoy equivocado en sentirme así? ¿Qué debería sentir? ¿Qué debe uno sentir cuando pasa esto?
No quiero ser esa sombra que ahora cargo. Quisiera sólo volver al pasado y decirle cuánto la quiero frente al Sol del ocaso en el río de Miahuatlán; quisiera sólo volver al pasado y caminar con él por las calles húmedas de la Ciudad; quisiera sólo volver al pasado y mirar con asombro a mis gatos; quisiera sólo volver al pasado y no haber hecho todo lo que hice que me alejó, quisiera haber vivido más. Quisiera poder decirle esto a todo el mundo y que me hicieran caso: ¡vive, vive, vive! ¡Vive con todas tus fuerzas! ¡Ama con todo lo que tienes! ¡Abraza, besa, adora! ¡No des un sólo paso si no es significativo! ¡Cuida a los tuyos y cuídate para ellos! ¡VIVE! Pero también es el mismo grito que siempre he guardado: por favor, ¡no te vayas! ¡No me dejes! ¡Espérame, por favor! ¡Más lento, por favor! Y ahora sé que esos son los gritos que tendré que dar, uno tras otro, hasta que no haya nadie a quien gritarle.
Me siento profundamente inútil; soy un fragmento de lo que fui, y no puedo hacer nada.
La vida es un sueño, y poco a poco dejo de soñarlo.
Pero quisiera poder sólo dejar de soñar al estar abrazado, para llevarme eso conmigo y que se quede en la eternidad de mi memoria: el amor que viví.
No quiero irme cuando todo esté frío. Cuando no haya nada. Pero si algo me enseñó esto es que eso es lo que habrá: nada.
Tengo mucho miedo. Nunca había estado tan asustado. Quiero gritar pero no puedo. Por favor, ayuda. Por favor, más lento. Por favor, espérame. por favor, ayuda
Comentarios
Publicar un comentario